Semana Santa: por qué no se come carne, qué dice la Biblia y cuáles son los días que establece la Iglesia

Cada año, con la llegada de la Semana Santa, se repite una tradición profundamente arraigada: evitar el consumo de carne, especialmente durante el Viernes Santo. En Alvear, esta práctica sigue vigente no solo por su significado religioso, sino también por su valor cultural, donde el pescado de río ocupa un lugar central en la mesa familiar.
Pero, ¿de dónde surge realmente esta costumbre?
Para entender su origen, es necesario remontarse a los textos bíblicos. En el Antiguo Testamento, particularmente en el libro del Levítico, se establecían normas precisas sobre qué alimentos podían consumirse y cuáles eran considerados “impuros”. Allí se indicaba, por ejemplo, que solo podían comerse animales terrestres que fueran rumiantes y tuvieran la pezuña hendida, mientras que en el caso de los peces debían tener aletas y escamas.
Estas reglas no estaban vinculadas a una fecha específica del año, sino que formaban parte de una ley permanente para el pueblo de Israel, con un fuerte sentido religioso y de organización de la vida cotidiana.
Sin embargo, la tradición actual de no comer carne en Semana Santa no surge directamente de estas normas, sino de una interpretación posterior dentro del cristianismo.
La Iglesia Católica estableció la abstinencia de carne como un acto de penitencia y recogimiento, especialmente durante el Viernes Santo, día en que se conmemora la muerte de Jesucristo. Además, determina que todos los viernes de Cuaresma son días de abstinencia, mientras que el Miércoles de Ceniza y el propio Viernes Santo son jornadas de ayuno y penitencia más estrictas.
En este contexto, la carne roja —históricamente asociada a la abundancia y los festejos— comenzó a evitarse como un gesto simbólico de sacrificio. En cambio, el pescado pasó a ocupar un lugar central, tanto por su sencillez como por su fuerte vínculo con la tradición cristiana.
Diversos medios nacionales e internacionales coinciden en esta interpretación. Publicaciones de La Nación y Clarín señalan que se trata de una práctica impulsada por la Iglesia como forma de penitencia, mientras que otros medios destacan su valor simbólico como expresión de respeto y reflexión. En la misma línea, un artículo reciente de Infobae remarca que la abstinencia de carne durante el Viernes Santo representa un gesto ligado al sacrificio y a la memoria de la muerte de Cristo, manteniendo vigencia incluso en la actualidad.
En ciudades como Alvear, esta tradición no solo conserva su sentido religioso, sino que también se integra a la identidad local. Durante estos días, platos elaborados con pescado de río, como boga o dorado, forman parte de la mesa familiar, reafirmando una costumbre que se transmite de generación en generación.
Así, lo que a simple vista puede parecer una simple práctica alimentaria, es en realidad el resultado de siglos de historia, donde se entrelazan las antiguas normas bíblicas, las decisiones de la Iglesia y las tradiciones culturales que siguen vivas en la sociedad actual.

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